22Evidencia B

Cuando sientas que «todos me han visto hacer el ridículo», divide esa estimación entre dos

Pusieron a gente una camiseta vergonzosa y la mandaron a una sala con más personas. Quien la llevaba calculaba que el 46% de los presentes reconocería quién estaba impreso en la camiseta; en realidad solo el 23%, justo el doble de alto. Con una camiseta elegida por uno mismo, que parecía digna, la estimación fue del 48% y la realidad del 8%, una diferencia de seis veces. En otra serie de estudios, la gente, después de conversar, tiende a infravalorar cuánto le cayó bien al otro. Así que el juicio de «esa frase me salió mal y se lo quedó grabando todo el mundo» ya parte de una estimación inflada; aún cortada por la mitad, sigue inflada.

Coste

No cuesta dinero. Solo se trata de preguntarse una cosa má…

Beneficio

Primer experimento: participantes con una camiseta con la cara de Barry Manilow, en una sala con otros partici…

Coste

No cuesta dinero. Solo se trata de preguntarse una cosa más en el momento de nervios: de verdad me vieron.

Beneficio

Primer experimento: participantes con una camiseta con la cara de Barry Manilow, en una sala con otros participantes. Los que la llevaban calculaban de media que el 46% de los presentes sabría señalar quién aparecía en la camiseta; el acierto real de los presentes fue del 23%, y la estimación resultó justo el doble de la realidad. Restando el acierto real de la estimación escena por escena, la sobreestimación media fue de 23 puntos porcentuales (intervalo de confianza del 95% de 9 a 38). Sin las dos escenas que solo tenían dos y tres presentes, la cifra queda en 27 puntos (de 11 a 43). Segundo experimento: ahora una camiseta elegida por el propio participante, que él consideraba positiva. Estimación media del 48%, acierto real del 8%: seis veces. Otra serie de estudios con tres escenas: conversaciones entre desconocidos emparejados, compañeros de cuarto de primer año universitario y talleres para adultos. Resultado: la gente infravalora de forma sistemática cuánto le cae bien a su interlocutor y cuánto disfruta este la conversación. Los autores lo llaman «brecha del agrado». Aparece en conversaciones de distinta duración y entre compañeros de cuarto se mantiene durante meses.

Fuentes originales

Gilovich T, Medvec VH, Savitsky K (2000). The spotlight effect in social judgment: An egocentric bias in estimates of the salience of one's own actions and appearance. Journal of Personality and Social Psychology, 78(2), 211–222. https://doi.org/10.1037/0022-3514.78.2.211;Boothby EJ, Cooney G, Sandstrom GM, Clark MS (2018). The Liking Gap in Conversations: Do People Like Us More Than We Think? Psychological Science, 29(11), 1742–1756. https://doi.org/10.1177/0956797618783714

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Nota del autor

Se califica B porque son estudios de laboratorio y de campus con poca gente, y las escenas son llevar una camiseta y charlar con desconocidos. Llevarlo a «los colegas comentan de mí» o «me equivoqué en la reunión» no tiene evidencia directa. Estas cifras solo señalan la dirección del sesgo y un orden de magnitud, no dan un coeficiente para aplicar. Este punto no dice que la opinión de los demás no importe. En los sitios donde de verdad te evalúan, como una entrevista, una defensa, una evaluación o un informe médico, la evaluación es real, y si toca prepararse, se prepara. Va contra esa sensación de lo cotidiano de que «todos me están mirando»; el rival de esa parte es tu propio sesgo de estimación.

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